¿Qué es la espiritualidad? La espiritualidad es un camino de búsqueda y crecimiento personal, no es palpable, no la podemos ver. Es una emoción, un sentir que se incorpora como aprobación total de la vida. Caben distintos modos de responder a esta pregunta. Dado que la espiritualidad puede ser concebida como una forma de amor, lo espiritual sería, asociaciones legítimas de sentires.

Puede sugerir elevación, mente plena, religiosidad, meditación, paz, orientalismo. Si la espiritualidad es el amor supremo, digamos, el amor por todo, no sería más espiritual la paz que la guerra, la meditación que el rugby, la abstinencia que el encuentro sexual. ¿No te parece?

La espiritualidad tiene que ver con el sentido pleno, con la visión elevada, pero esa plenitud y esa elevación convocan a una perspectiva que, si bien tiene su dificultad, no admite el cultivo del reparo, la objeción y el reproche que suele caracterizar a muchos planteos que se afincan en el campo de la espiritualidad buscando una pureza imposible.

Sin embargo, no tiene que ver con desear un mundo en paz y sin problemas, eso sería una utopía, es más bien aceptar el valor de esta complejidad en la que vivimos sin poder evitarlo.

La espiritualidad nos invita a aceptar la vida de manera general, sin descartar sus aspectos negativos entendiendo el fenómeno global, captando las necesidades y sus valores.

Espiritualidad no es realidad recortada, es realidad plena y asumida, totalmente integrada, aceptada incluso al punto de constituir un desafío al que no resulta fácil responder. Es la que integra las partes en todas sus formas para modelar un todo aceptando que existen los defectos y las virtudes, la violencia y la paz, la riqueza y la pobreza, las miserias humanas y los logros personales, el odio y el amor, en fin, así seguiría la lista que conforma el devenir de la vida misma porque lo que quiero destacar es la multiplicidad de acciones que tenemos los humanos y que es posible ver con ojos de espiritualidad la aceptación integral de la realidad que vivimos.

Si hay vida superior está acá, junto a nosotros, en nosotros, es la vida cotidiana y corriente asumida como vida completa, apreciada. Es decir, para ser espiritual no hay un camino único, pautado. No hace falta hablar pausado, ni meditar, ni hay que escuchar voces trémulas. Hay tanta espiritualidad en Led Zeppelin como en Enya, en el jazz como en el canto gregoriano o en un sapucai.

Espiritual es darse cuenta que la verdad está en todas partes. El aporte de la espiritualidad es el situarnos en el eje de la vida concebida como una aventura y no como un problema, como una posibilidad incierta, desafiante y extraordinaria, que nos hace padecer y disfrutar, y que nos hace verla como la extraordinaria realidad que es.

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