La lucha quijotesca por tener una cinemateca en Argentina es una causa todavía en progreso o, mejor dicho, una deuda que tenemos como sociedad. Que todo Sudamérica tenga un edificio, un presupuesto y lugar público al que puede llamar “cinemateca” mientras en Argentina tal entidad no existe, es poco menos que una vergüenza. Lo es en muchos sentidos, porque como país que siempre produjo películas, incluso en tiempos de terror institucional y de acefalía democrática. El solo considerar esa variable dentro del espectro de lo que se entiende como «hacer películas», lo que hace es desconocer que la preservación y la conservación del patrimonio fílmico es una necesidad y hasta una obligación.

Existe el Museo del Cine Pablo Ducros Hicken en la Ciudad de Buenos Aires, que intenta con el mayor de los esfuerzos suplir esta falencia gigante del cine argentino, un sintagma incompleto porque lo que se produce hoy no tiene un lugar ni una mínima seguridad de subsistir más allá del estreno. Esa palabra, «estreno», es la única que desvela a gran parte de la comunidad cinematográfica, a la que eleva un grito en el cielo de las redes sociales cuando existe un mínimo atisbo de perder un peso para producir películas pero que se mantiene inmóvil cuando se menciona el término «cinemateca».

La directora del Museo del Cine, Paula Félix Didier, en entrevista exclusiva con Cine Continuado explica la importancia de la preservación, el camino que transitó en su intento por crear la cinemateca, la existencia del archivo audiovisual argentino, su trabajo en la institución y otros temas que vinculan al rubro con su pervivencia en el futuro.

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