La pandemia de coronavirus, sin dudas, nos cambió la vida. Algunas personas pasaron de estar en la oficina a trabajar desde su casa en jogging y pantuflas. La tan odiada rutina se tomó un break demasiado largo, pero parece que estaría llegando a su fin gracias a la ciencia, debido a la fluidez de la vacunación.

Debido al estrés, la angustia y la ansiedad por la realidad pandémica aumentaron las consultas médicas sobre el insomnio. La Academia Americana del Sueño, en su última encuesta, declaro que el 60% de las personas consultadas tenían problemas para conciliar el sueño. Los especialistas les urgen a los Estados que incluyan al insomnio dentro de las políticas de salud mental por las secuelas que deja el trastorno del sueño. A largo plazo, el insomnio puede generar grandes problemas para el organismo desde depresión, diabetes tipo 2 y afecciones cardiacas.

Le consultamos a la licenciada en Psicología, Lucia Berlingieri (MN 60.632), para que nos cuente su mirada en torno a esta situación que nos dejó la pandemia: “Para poder pensar la problemática del insomnio tenemos que considerar que se trata del tipo de trastorno del sueño más común y que cuando no se explica por enfermedades orgánicas, u otro tipo de trastornos, es posible que sea un síntoma subyacente debido a diversas causas, siendo algunas de las más frecuentes: crisis vitales, estrés laboral, eventos traumáticos y conflictos familiares entre otros”.

Por otro lado, remarca que la declaración del estado de pandemia tomó protagonismo volviéndose un factor estresor de gran impacto, modificando nuestras rutinas laborales, familiares, alimentarias, llegando al alcanzar a nuestra rutina de sueño. “No poder conciliar el sueño, despertarse de modo intermitente o bien de manera muy anticipada, son algunas de las formas en que se puede expresar el insomnio”, afirma la egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Además de los problemas orgánicos mencionados anteriormente, Berlingieri señala otros factores que son afectados negativamente debido a no conciliar el sueño, como el estado de ánimo, la capacidad de concentración y rendimiento (físico, académico y laboral, etcétera).

Finalmente, aclara: “Siempre que no olvidemos consultar a un profesional, también podemos acompañar nuestro momento de dormir, mejorando nuestros hábitos y prácticas cotidianas para propiciar cambios positivos a la hora de dormir”. Ante el primer indicio de insomnio, lo más recomendable es consultar la problemática con un profesional de la salud y así evitar complicaciones en un futuro que puedan afectar nuestra integridad mental tanto como física.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Charli De Lauro.