Anteriormente analizamos la resistencia que ponemos al cambio más allá de que sepamos que algo debemos modificar. Además, detallamos esos pequeños pasos que tenemos que dar para lograr lo que deseamos y queremos. En esta ocasión vamos a reflexionar sobre cómo dejar de temer a los grandes cambios.

«Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas», asegura el escritor Paulo Coelho.

Las transiciones o los grandes cambios en nuestras vidas no siempre son fáciles, pero todo el mundo tiene que enfrentarlas en un momento u otro.

Pasó por un montón de importantes cambios en mi vida. Algunos fueron malos, otros fueron buenos. Cada vez que me enfrento a un gran cambio me gusta hacer una pausa por un momento y recordarme a mí misma que siempre hay algo bueno esperándome al otro lado una vez que haya pasado dicha transición.

Es ese pensamiento de que algo bueno me espera al otro lado, realmente me ayudó de una gran manera. Recordarnos que las cosas serán mucho mejores hace que un gran cambio sea más aceptable.

Si algo aprendí es que un cambio o una transición en sí no es muy aterrador. Lo que asusta es la idea de terminar en una peor situación una vez que hayamos dado el paso. Por ejemplo, el año pasado tuve una clienta que en la parte de su proceso de coaching me confesó que hacía unos años atrás había decidido mudarse a otro país, era una decisión que ella había contemplado durante años pero nunca había encontrado el coraje de hacerlo. No tenía miedo al cambio. De hecho, era justo lo contrario. Quería pasar por esa transición para ver cómo cambiaba su vida ante ese gran nuevo escenario. Lo único que la asustaba era la idea de que las cosas no salieran como pensaba y terminara en una mala situación una vez que ya hubiera hecho esa transición. Ella tenía miedo de gastar todo su dinero en la mudanza para terminar sin trabajo y sola en una gran ciudad dentro de otro país. «¿Y si al final esa transición resulta ser un gran error?», se preguntó.

Por supuesto, eso nunca sucedió. Sus peores temores nunca se hicieron realidad. En el momento en que ella había llegado al otro lado de esa transición (es decir, mudarse a otro país), ya había ganado más de lo que incluso esperaba. No solo encontró un trabajo e hizo nuevos amigos sino que, además, la experiencia de mudarse a otro país cambió la forma en que veía las transiciones y los cambios de vida.

Ella perdió el miedo de una transición porque imaginó las buenas cosas que podrían estar esperándola en el otro lado. No se preocupó por todas las cosas malas que podrían sucederle, y por su cabeza ya no pasan los peores escenarios que pudieran suceder.

En ese momento prefirió pensar en el mejor de los escenarios. ¿Cuál sería el mejor resultado posible que la esperaría realizando este cambio? Esto la ayudó a tener una gran cantidad de fe en sus decisiones a la hora de tomar grandes cambios para su vida.

Hay tres cosas que realmente pueden ayudarte a que tengas fe cuando sucedan grandes cambios en tu vida.

Confiá en vos y en tus habilidades

Todos los cambios requieren de una buena toma de decisiones. Tenés que confiar en que vos sabés cuáles son las mejores decisiones para tu vida y que las decisiones que tomes serán las correctas.

Da igual si se trata de renunciar a tu trabajo para encontrar algo mejor o simplemente tomar la decisión de irte a vivir a otra ciudad, vos te vas a enfrentar a una gran cantidad de nuevos desafíos y obstáculos.

La mayoría de la gente subestima su capacidad de lograr el éxito si toman un gran cambio para sus vidas. Pero, a menudo, vos tenes más destrezas y habilidades de las que crees.

El peor de los escenarios no va a suceder

Justo antes de que te decidas a tomar esa oportunidad y dar un paso audaz hacia algo que querés, un pensamiento desagradable va a aparecer en tu cabeza. Es un pensamiento agudo y persistente de que algo absolutamente horrible va a pasar si lo hacés.

Estos son los peores escenarios. Te vas a decir: «si dejo mi trabajo voy a terminar sin dinero y sin hogar» o pensás que «viajar a esa ciudad me va a traer más que dificultades y penurias».

Por alguna razón, estos pensamientos nos llegan a la mente de forma muy fácil. Lo más difícil es imaginar esa decisión como algo bueno. Un gran cambio puede ser una oportunidad para el crecimiento y tu boleto a una vida mejor.

El peor de los escenarios ocurre tan raramente que se podría comparar a que tuvieras miedo de que te alcanzara un rayo. Pensar en todas las cosas malas que te esperan solo te va a impedir tomar las acciones necesarias para cambiar tu vida.

Por encima de todo: mantenete optimista

Como lo dije muchas veces, pensar que después de ese gran cambio tu vida va a ser peor a veces da más miedo que el propio cambio en sí. Así que mantenete optimista y pensá que esa decisión era necesaria, y así asegurate que el miedo no se deslice dentro de tu cabeza.

Dependiendo de qué transición hayas tomado (cambio de ciudad, país, trabajo, etcétera), seguramente va a pasar algo de tiempo antes que llegues hasta el final. Debés seguir creyendo que las cosas van a estar bien. Tu optimismo te va a tener trabajando hacia tu meta.

En el momento en que comenzás a tener una actitud pesimista, vas a comenzar a esperar que las cosas empiecen a ir mal. Y una vez que esperás que las cosas vayan mal, esto a menudo termina pasando.

Materializá las decisiones

A medida que camines a través de tu vida, debés seguir tomando más y más decisiones acerca de dónde querés que vaya la misma. Esto significará muchas más transiciones y cambios por venir. Pero ahora debés tener fe de que al otro lado de esas transiciones los cambios serán positivos y satisfactorios.

No podés tener miedo de hacer un gran cambio simplemente porque tenés miedo que las cosas vayan a salir mal para vos. Tené fe en que las cosas van a estar bien al final. Es sorprendente la frecuencia con la que las decisiones que tomamos salen bien si trabajamos con optimismo y esfuerzo.