Los mares en su inmensidad suelen atraer nuestra atención. Ofrecen espectáculos variados: juegos de superficies embravecidas o tranquilas, playas seductoras o pacíficas, temibles tempestades, vistas fascinantes en las profundidades marinas…

Tan cambiante y vertiginoso como lo es la sexualidad humana, agitado hoy y apacible mañana, pero te invita siempre al desafío del encuentro, del éxtasis, rompiendo tantas veces como sea necesario los ánimos cambiantes, candentes, deseantes.

Los conocimientos antropológicos sobre la sexualidad humana se desarrollaron a partir del Siglo XX. La sociología, la psicología, la etnografía y la biología siguen aportando datos en busca de una mejor comprensión y vivencia de la vida sexual.

Si miramos hacia atrás, buceando en los siglos pasados, cuesta creer cómo hubo tanto temor a hablar con naturalidad sobre el tema, era realmente un tabú. De «eso» no se habla. Por supuesto que hay que tener en cuenta las diferentes culturas y cómo se van moldeando los hechos y vivencias sociales a lo largo de los tiempos.

Una cosa está clara, hoy el discurso sobre sexo dejó de ser tabú, los juicios son más equilibrados y gozan de opinión con apertura de criterio que posibilitan ricas y fecundas posibilidades para la educación en el amor.

La sexualidad, un lenguaje para el encuentro

En la prehistoria, el sexo era exclusivamente un medio eficaz y rápido de supervivencia de la tribu y de las familias. Hoy nuestro planeta está superpoblado, la mirada sobre la sexualidad se amplía. La tendencia en la actualidad es no solo considerar al sexo como un medio de procreación sino, además, un espacio de experiencia íntima.

Y aquí se produce el lenguaje del encuentro, la manifestación sensible del mundo interior y la comunicación con otro desde este lugar. Me interesa destacar en este punto que, a pesar de la diversidad cultural, hay de hecho marcadas diferencias de rasgos psicológicos entre los sexos, dado que ellos son complementarios, pero no iguales. Por eso, el sexo tiene siempre un componente humano cultural, así se vive en función del significado que consciente o inconscientemente uno le confiere a la totalidad de su persona.

La vida en pareja

Acá estoy en terreno escabroso, pero me gustan los desafíos y los mares tumultuosos con olas gigantescas, ya que traje la metáfora del mar comparado al sexo.

La realidad de nuestra cultura actual muestra las incertidumbres y fragilidades de la vida en pareja. Cito a Zygmunt Bauman, un sociólogo que nos habla de la modernidad líquida, y es oportuno citarlo, ya que muchas parejas se ven funcionando al filo del amor líquido, es decir, de un amor cuyos lazos y compromisos son cada vez más precarios y endebles. Las promesas duran poco, el proyecto de vida de la pareja se opaca repentinamente y se desvanece como la espuma en el mar.

Pero en lo gris de este panorama no se agotan los colores y las seducciones de la vida en pareja. Iniciar un proyecto de vida en compañía de otra u otro es siempre el advenimiento de algo nuevo.

Y me despido con una info interesante de dos investigadores de psicología de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos), David Olson y su esposa Karen, quienes dedicaron muchos años a ayudar parejas en crisis. Ambos elaboraron una prueba psicológica con el objeto de analizar el grado de afinidad de una pareja. Esta se utiliza en la actualidad en numerosos países occidentales. Te invito a buscar información sobre estos investigadores y cuestionarte, repensar, reformular o debatir sobre el tema de la sexualidad hoy.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Silvia Sproviero.