Al descansar por su trabajo anterior y agobiado por su prueba en el signo de Cáncer, donde no estaba acostumbrado a “soltar” (porque justamente su debilidad siempre fueron sus afectos), Hércules se preparaba para una nueva prueba, una de las más difíciles: encontrarse con el León de Nemea.
Leon El Maestro observaba a nuestro héroe, que aún permanecía conmovido por el trabajo anterior, le manifestó: “Un nuevo trabajo te espera, la gente de Nemea clama tu ayuda, ellos están en profunda angustia. La noticia de tus proezas se ha hecho pública. Piden que tú mates al león que devasta su región y toma sus víctimas entre los hombres. Ve, busca al León que arrasa la región, la gente de esta comarca vive silenciosamente detrás de sus puertas con cerrojo y no se animan a salir a realizar sus tareas, no cultivan la tierra, ni siembran, de norte a sur el león merodea, acecha y captura a todo aquel que se cruza en su camino.»
Hércules se había preparado con todas las armas de guerra que los Dioses le habían regalado, pero comenzó a dejar caer cada una de ellas y sostener solamente el garrote que había adquirido por derecho propio. El Maestro, entonces, le preguntó qué hacía, por qué dejaba caer el pectoral de protección y dónde estaban las demás armas, a lo que Hércules respondió: «Este admirable conjunto de armas solo me oprime, demora mi velocidad y obstruye mi marcha, solo necesito mi fornida maza». Y así salió Hércules en busca del león.
Durante muchas noches y días observó el lugar donde merodeaba el animal: muchas de esas noches sentía el rugido pero no lo podía ver, hasta que un día siguió sus huellas y pudo encontrarlo. El león lo miró fijamente y se dio cuenta que su rival no era igual a los anteriores, que el que estaba parado frente a él no le tenía miedo y que, cada uno en su sitio, esperaba la movida del otro. Así fue como el león rugió de tal manera que todos los habitantes de la comarca salieron corriendo a sus casas y observaban todo el panorama desde la seguridad del hogar.
Hercules y el leonHércules tomó una flechas y apuntó al león, las flechas no atravesaron ni siquiera el lomo de la bestia y Hércules al ver que el animal se le venía encima, pegó un alarido que asustó momentáneamente al mismo y, de esta manera, dio media vuelta y se fue.
Pero Hércules no quería esto, porque sabía que la bestia volvería y mataría a cualquiera del territorio. Entonces lo esperó pacientemente para poder matarlo, y al notar que el león no aparecía y los días seguían y las fuerzas de Hércules (por el cansancio de la búsqueda) iban disminuyendo, decidió ir directamente a su encuentro. Se aproximó a la cueva donde moraba el León de Nemea, pero vio que la misma tenía dos entradas. A todo esto, el león ya se había dado cuenta que su rival era superior, así que, mientras Hércules entraba por una de las aberturas, el feroz animal salía por la otra. Cuando Hércules observó esto, decidió tapar con leña una de las entradas y entrar por el otro lado y así, en la oscuridad total, se batió a duelo con la bestia. Lo tomó con sus dos manos, lo apresó en su cuello y con todas sus fuerzas lo estranguló. Cuando el león yacía muerto dentro de la cueva, Hércules lo despojó de su piel y llevó a la comarca, con gritos de triunfo, la piel del león para que vieran que ya no debían temer.
Significado de la prueba
Jesus tentadoEste trabajo es astrológicamente el quinto, y este número cinco está en relación al “hombre completo”, porque el hombre es un cuerpo físico, una envoltura vital, un estado emocional, una energía mental y, cuando está completo, es una conciencia espiritual. Esto se puede ver muy claramente en la cruz y el Cristo, de ahí que se diga que la conciencia cristiana es una del hombre universal. Son dos los maderos cruzados que se convierten en 4 puntas (lo que equivale a la personalidad) y el Cristo sobre el madero crucificado, como símbolo de trascender la materia. Esta materia mencionada también es representada en los cuatro elementos (Fuego, Tierra, Aire y Agua). El cinco es el Ego (así, con mayúsculas), es la conciencia y el reconocimiento de dejar de ser un hombre masa para convertirse en un individuo. Para poder llegar a esta altura de la prueba, Hércules tenía que matar al león, símbolo del ego en minúscula: este animal es el rey de la selva, y el símbolo siempre está dado por el regente que es el Sol, símbolo de brillo, autoridad y poder. Cuando el león no está sometido, sus fuerzas son de destrucción y hacen claramente hincapié en una personalidad dominante, soberbia, individualista, de superioridad, con necesidad de brillar y ser el líder de la manada.
Pero cuando el león es dominado, hay virtudes como la humildad, el servicio y la capacidad de alumbrar para que otros también puedan ser líderes en el camino que han elegido.
Gandalf contra BalrogLa lucha se estableció en una cueva. Todas las iniciaciones en la antigüedad se hacían en dos lugares: en una cueva y en una montaña que, «oh casualidad», la montaña también tiene cuevas. Esto nos dice que las iniciaciones, porque el trabajo con el león es una iniciación, se hacen a solas, nadie puede estar ni presenciar ese trabajo. En otras palabras, nadie puede saber cómo estás transitando la lucha o la crisis: sos vos y el problema, nadie puede hacer el trabajo por vos, porque matar al ego (es decir, matar al león) es una experiencia individual, en una cueva craneal, en estado absoluto de soledad y en espera a que el león (ego) y sus rugidos, lo puedas atrapar con tus manos y lo estrangules hasta asfixiarlo por completo. Solo el que vivió la experiencia lo puede contar y, por supuesto, haya salido vivo de dicha crisis. Cuando digo salir vivo es salir renovado, con un nuevo estado de conciencia, o transfigurado como, por ejemplo, Gandalf el gris. Concretamente cuando peleó en la mina de Moria contra su rival, un Balrog. Después de esa pelea pensamos que había muerto, pero lo encontramos como Gandalf el blanco. Otro ejemplo que sirve es mencionar cuando Moisés bajó del monte Sinaí y brindó las tablas de la ley, donde estuvo 40 días en estado de soledad y fue elegido para liberar al pueblo hebreo. O bien cuando Jesús estuvo en el desierto (también 40 días) y llegó con una luz y un brillo diferente después que estuvo tentado por el Diablo con pruebas bien leoninas, como por ejemplo: “Si eres hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan”, u otro pasaje donde lo llevó a un monte, le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: “Todo será tuyo si postrado me adorares”. ¿Crees por ventura que Leo cuando sabe quién es, se vuelve capaz de postrarse ante alguien? Jamás lo haría, pero para llegar a eso debe conocerse. Leo posee una energía noble, directa, de conquista y su naturaleza es luchar por la justicia, el bien común y liderar en lugar de aquellos que aún tienen miedo de enfrentar a su propio león.
Y por último, cuando Hércules cortó la piel del león para llevársela a los pies del Maestro, le pidió si podía usarla como vestidura por el resto de su vida, como recuerdo de saber que él, solo él, pudo matar al león de su ego.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.