El conflicto es un proceso de interacción social que se da en un contexto determinado. Es una construcción social, una creación humana diferenciada de la violencia, ya que puede haber conflictos sin violencia, aunque no hay violencia sin conflicto, por lo que no toda disputa o divergencia implica conflicto.

​Aunque los conflictos se pueden clasificar según el nivel en el que se desarrollan: encontramos el micro, este se da en el área interpersonal e intergrupal o macro, entre grupos definidos dentro de un Estado o entre Estados, donde las consecuencias de los enfrentamientos afectan a un gran número de población.

El riesgo de conocer al otro

Así como nos acompaña el amor, el interés, la curiosidad, los celos y las broncas, el terror ocupa un lugar en nuestro equipaje emocional cotidiano, un lugar prioritario. Pasemos a ver su presencia en el vínculo de pareja.

Para incluir a otro u otra en nuestra vida, empezar una relación y armar con esa persona un proyecto y poder reconocer las diferencias que hagan de tal vínculo una unión y no una fusión, necesitamos transitarlo, bucear en esa otra persona a la vez de ser transitados nosotros mismos. Pero, ¿cómo conocer al otro si pensamos que podríamos ser blanco de su agresión?

Para todo ser humano el encuentro con un probable compañero amoroso involucra un caudal de angustia y ansiedad inicial. Estamos frente a lo nuevo y desconocido. Se ponen en juego sentimientos muy variados como inseguridad, vergüenza, inhibición, temor al rechazo, defensas narcisistas, así como también sobreactuaciones tendientes a alcanzar cierto resultado. A veces este es positivo, mientras que otras veces falla por exceso o por su condición inadecuada. ¿Podemos pensar que el terror que hoy se vive interviene de algún modo en este encuentro amoroso?

Construir una pareja nos exige salir de nuestro mundo narcisista -por lo tanto, centrado solo en uno mismo- para reunirnos con otro que naturalmente es diferente a quienes somos. Recordemos que los seres humanos somos semejantes, no iguales.

La pareja nos incluye en un terreno nuevo y ajeno a lo ya sabido, y nos invita a explorarlo con nuestros sentimientos, impulsos y representaciones. Es una aventura, un viaje a lo desconocido. ¿Tendrá algún papel en este descubrimiento el terror frente a lo nuevo, a lo incontrolable? ¿Encenderá una señal de alarma, de falta de garantías, ante diferencias e incógnitas que tientan, pero que también atemorizan? ¿No será que el sexo, al ser una fusión que borra todos los límites, también es algo que conviene evitar para preservar nuestra individualidad? Como si ese momento de plenitud nos disolviera sin retorno.

La soledad es esencial al sujeto, constitutiva de un ser. Una de las formas de manejarla es a través del amor. No se trata de una abstracción teórica sino de una sucesión de acciones e internalizaciones recíprocas. Las situaciones de terror llevan naturalmente a desconfiar de los demás, y este sentimiento convierte al semejante en alguien de quien cuidarse y permanecer al margen. Al aislarnos defensivamente, queda frustrado ese tierno acercamiento en el que alejamos lo traumático de la soledad y enriquecemos nuestro mundo afectivo.

Las diferencias sexuales adquirieron hoy, en la fantasía inconsciente, un carácter más que angustioso. ¿Podría la homosexualidad llegar a ser la búsqueda de otro tan parecido a nosotros que no nos asuste?

Es esta una expresión de la conducta que remite a distintas significaciones, singulares y complejas, por lo cual hoy ya no se la define como sinónimo de enfermedad. Pero una de las variables que podría estar involucrada es el intento de anular la diferencia, siempre y cuando esta sea vivida como exterioridad amenazante e incontrolable. Detrás de una aparente transgresión, aventura o audacia, tal vez se esconda una necesidad de control. Quizás en la problemática en torno a la legalización de matrimonios homosexuales esté en juego la desesperada búsqueda de la homogeneización ante una vivencia de terror ampliada por la situación actual.

Esto mismo podría aplicarse hoy a las relaciones vertiginosas, a las conductas de inestabilidad emocional, a la dificultad de conocerse. En nuestra vida cotidiana, ¿no convendrá postergar la búsqueda de una pareja? La eficacia del autoabastecimiento y la autosuficiencia quizás esté alimentada por la presencia de otro u otra, un otro u otra pintado con los colores del terror.

Es relevante destacar algunas de las causas que originan conflicto tales como los celos, problemas sexuales, infidelidades, la rutina, discusiones, la llegada de una nueva persona al hogar, querer divorciarse y no saber cómo, desengaño amoroso, estar en una relación tóxica y no poder salir, trabajar juntos y más…

Una de las herramientas más eficaces para resolución de conflictos es la comunicación efectiva, que se provoca cuando una de las partes le dice a la otra lo que quiere expresar, y la otra parte escucha lo que dice y no lo que quiere escuchar. Y viceversa.

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