La dependencia económica es un estado de dependencia en algunos casos elegido y en otros padecido. Tiene que ver con la enseñanza y educación que reciben las personas.

En general, este estado es padecido desde varios aspectos derivados en comportamientos. Al respecto, damos algunos ejemplos.

Falta de proyectos personales

Son los casos de generaciones pasadas donde la crianza y educación en las niñas, futuras mujeres, era pensar en la exclusividad de formar una familia y tener hijos y, en lo posible, encontrar a un muchacho adinerado para no tener que trabajar.

Embarazo, lactancia, primeros 3 años de vida del hijo

Es un momento en la vida de total ambigüedad. Para la persona que trabaja, el anhelo de volver, mientras que en total paridad desea estar con el hijo tan deseado. Al regresar a trabajar por necesidad… ¿por necesidad? Se corre de al lado de su hijo/a, perdiendo contacto con los primeros más vulnerables y necesarios 3 años de vida.

Relación de pareja

El primer paso es comprender que la individualidad no desaparece en la relación de pareja y los proyectos personales pueden mantenerse, siempre y cuando no generen exclusión en la relación, pues el rol de la pareja está en el apoyo y el acompañamiento.

Relegarse por otros

En el caso de la persona que inicia una vida en pareja y se queda en la casa porque acompaña a su pareja en sus proyectos, o «quién va a organizar la casa mejor que yo», «los hijos son chiquitos y dan mucho trabajo» o «no hay tiempo para mí».

Separación o divorcio

Aquí se pone en juego la dependencia económica que impide tomar decisiones tales como hacerse cargo de pagar un alquiler en el caso de irse, solventarse para vivir o, lo que es peor, volver a la casa de los padres.

¿Cómo sería una relación de pareja donde la dependencia económica no genere abuso emocional o violencia familiar?

Sería comprendiendo que la naturaleza de la relación es afectiva e íntima, en la cual no se pueden asumir roles de poder y autoridad, ni el manejo del dinero convertirse en objeto de manipulación o abuso emocional. Para las parejas, es importante establecer un espacio de conversación y comprender que el hecho de no generar un aporte monetario al hogar no significa que las acciones de cuidado y dedicación que se llevan a cabo dentro de este no son vitales y también requieren de reconocimiento emocional.

Independencia Económica

Hablemos de independencia personal. En ambos casos, y me refiero a género humano, la independencia te la da en primera instancia la red de confianza que brinda la familia y, luego, la elección en la enseñanza escolar con la impronta de un acompañamiento sostenido que prepare al individuo a saber pensar, a poder discernir, a opinar y defenderse en la vida.

Un sujeto con estas características estará apto para abrirse camino en la vida, y para nada estamos pensando en profesionales destacados sino en personas con elección independiente de futuro. ¿La consecuencia? Independencia económica.