Las técnicas de relajación nos ayudan a hacer frente al estrés y al frenético ritmo de vida que muchas veces nos toca llevar debido al trabajo y las circunstancias que nos toca vivir. Aprender a relajarse nos prepara mejor para afrontar los desafíos de cada día y, para ello, solo necesitamos elegir alguno de los métodos disponibles y empezar a practicarlo.

Qué son y para qué sirven las técnicas de relajación

Las técnicas de relajación son un recurso imprescindible y ampliamente utilizado en los tratamientos psicológicos que implican la necesidad de abordar y hacer frente al estrés o la ansiedad, y a situaciones en las que la persona experimenta una sobre activación psicofisiológica que le impide desarrollar sus actividades cotidianas con normalidad.

Este tipo de técnicas facilitan la reducción de los niveles de tensión corporal y la carga mental que, muchas veces, sufrimos en diferentes ámbitos de nuestra vida (laboral, familiar, etcétera). Por lo tanto, son herramientas útiles no solo para los pacientes que presentan problemas psicológicos o alteraciones emocionales sino también para todas aquellas personas que necesitan mejorar su calidad de vida y bienestar.

Aprender a relajarnos nos permite realizar actividades que, de otro modo, evitaríamos debido a los altos niveles de activación que padecemos actualmente en las sociedades modernas. Las prisas, los agobios y el estrés son factores que alimentan el malestar y empeoran nuestro rendimiento físico y cognitivo.

Por estos motivos y mediante el uso de técnicas de relajación, promovemos el buen funcionamiento de nuestro sistema de gestión del estrés, procurando un balance hormonal óptimo y reduciendo los niveles excesivos de cortisol que, a la larga, pueden ser perjudiciales para nuestro organismo.

Tipos de técnicas de relajación

Existen diferentes técnicas de relajación, por lo que podemos elegir la que más nos convenga o satisfaga. A continuación, te presentamos algunas de ellas:.

Relajación muscular progresiva de Jacobson

La técnica de relajación muscular progresiva, desarrollada en los años 30′ por el médico estadounidense Edmund Jacobson es, probablemente, uno de los tipos de técnicas de relajación más conocidos.

Esta práctica se basa en el principio fisiológico de la tensión-distensión, que postula que cuando tensamos un músculo (unos pocos segundos) y, a continuación, dejamos de tensarlo (distensión), este estará más relajado que antes de llevar a cabo el ejercicio.

En la relajación muscular progresiva, la persona puede tumbarse (o buscar una posición cómoda) en un lugar tranquilo y agradable. Después, deben seguirse las siguientes fases.

Primera etapa de tensión y relajación: en esta se tensionan y relajan diferentes músculos, sosteniéndolos con fuerza durante 10 o 15 segundos, y centrándose en cómo se relajan a destensar. Puede hacerse siguiendo un orden de grupos musculares (cabeza, tronco, brazos y piernas). Por ejemplo, si se empieza por la cabeza se puede comenzar por el rostro, frunciendo el ceño y luego relajándolo, cerrando los ojos con fuerza y luego abriéndolos, y apretando los labios y destensándolos. Y así sucesivamente con el resto de grupos musculares.

Segunda fase: en esta se repasan mentalmente todos los grupos musculares que se han tensado y destensado, para comprobar si están realmente relajados tras los ejercicios y, si es necesario, volver a realizarlos.

Tercera fase: este periodo es de relajación y la persona debe tomar conciencia del estado de calma tras haber ejecutado los ejercicios. Para facilitar esto, se pueden visualizar a través de la imaginación escenas agradables o distintas sensaciones positivas (imaginarse tumbado en la playa o degustando un buen plato de comida).

Entrenamiento autógeno de Schultz

Esta técnica de relajación se fundamenta, según Schultz, en un método que consiste en producir una transformación del individuo mediante la realización de determinados ejercicios fisiológicos y racionales, que permiten obtener resultados similares a los logrados a través de estados de auténtica sugestión.

El entrenamiento autógeno consiste en concentrarse en las sensaciones físicas mediante la ejecución de 6 ejercicios que se deben aprender progresivamente.

Con unas sencillas instrucciones (autosugestión), la persona consigue que sus extremidades y el resto del cuerpo se relajen a través de sensaciones de calor, peso, etcétera. De este modo, es el convencimiento interno del propio individuo el que facilita que se logre una sensación de relajación general.

Los ejercicios son los siguientes: de pesadez (sentir que los brazos pesan cada vez más), de calor (sentir corrientes de calor por el cuerpo), de pulsación (latidos del corazón), respiratorio (concentrarse en el flujo de aire de la respiración), regulación abdominal (fijarse en cómo se se expande al inspirar) y de la cabeza o la frente.

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