¿Cuántas veces escuchamos «sufrí un abuso cuando era chica», «fui abusada por tal o cual», «no puedo salir a la calle sola», «el miedo me paraliza», «no quiero que me toquen», «me costó mucho iniciar una relación nueva», «por qué tuve que elegir justo a esta persona», «tengo que seguir con mi vida y no sé cómo»? Estos son solo algunos de los comentarios que expresan las víctimas de abuso.

Ante todo, debo decir que estas personas tienen que procesar una experiencia traumática que socavó la autoestima, es lo que las atraviesa en principio.

En primer lugar, como inicio a una futura mejoría en la calidad de vida, valdría el intento de evitar la culpabilización, porque el error nunca está en quien confía, en quien lo da todo por esa relación. El fraude, el delito, está en quien miente, en la persona narcisista e insana que funciona a través de la manipulación, el abuso psicológico, el engaño y el avasallamiento ejercido sin piedad.

Cuando una persona logra salir de esta relación intoxicada y perversa, no faltan aquellos que dicen «¿pero por qué esperó tanto para dejar a su pareja?» o «¿cómo no podía ver todo el mal que le estaba haciendo?».

Claro, desde el afuera se puede ver y opinar, pero no es tan sencillo desde dentro. El abuso emocional no es fácil de desenmascarar, porque sus mecanismos suelen ser a veces muy sutiles, a la vez que sofisticados y seductores. Además, hay que tener en cuenta que la víctima siente amor, está enamorada y su cerebro aplica complejísimas estrategias para disuadir las dudas, para elaborar una niebla densa que impide ver con claridad lo que está sucediendo.

Hasta que a veces, al final, cuando estas víctimas se miran al espejo y ya no se reconocen y pueden ver que el reflejo les devuelve una sombra de la persona que eran antes…

Se vislumbra la reacción

Estas personas maltratadas por estas bestias son sometidas a un flujo de castigo-recompensa en el que quedan atrapadas. Por momentos son agasajadas con una atención desmesurada, el más increíble de los afectos, son detallistas y dedicados, pero al poco rato aparece la exigencia, la frialdad, la humillación y el reproche que causa herida.

Se articula un rulo sin fin donde se va engarzando el maltrato y la perversa manipulación que controla la persona que abusa.

Tampoco creamos que al decir basta y lograr salir de esta relación pusimos punto final al sufrimiento. Se destaca la valentía y entereza de sentir un «hasta acá llegué, no quiero más esto para mí». Pero el proceso por venir requiere de despegar sentimientos de frustración, baja o nula autoestima, culpa, resentimientos, desconfianza, auto imagen. Vulnerabilidad.

Cuando la persona logra salir de este abuso emocional se encuentra anestesiada, por describirlo de alguna manera, ya que no logran experimentar las emociones positivas con la misma intensidad que antes, ahora la alegría es menos alegre, la ilusión menos motivadora y los sueños menos esperanzadores.

Por estos motivos, compartimos algunas claves para tener en cuenta para recuperarse de un abuso emocional: Dejar a un lado esa sensación de culpabilidad, la persona abusada es víctima porque ha sido culpada y sometida; es tiempo de empezar a tomar posesión de tu propia vida; practicar el cambio de víctima a valiente, la persona debe recuperarse de un pasado traumático; recuperar la responsabilidad sobre tu propia vida, y responsable significa el que sabe responder ante las situaciones, correrse de la culpa y asumir el contexto de realidad que te rodea; sentir rabia, desconfianza e ira es muy común en esta instancia, entonces, es conveniente canalizarla, sentirla como atraviesa tu cuerpo para después liberarla, soltarla; importante y recomendable hablar con otras personas, con grupos de apoyo que hayan pasado por lo mismo que tú, al igual que otra opción es pedir ayuda profesional.

Todos podemos salir del ciclo del abuso y no siempre será de manera indemne, queda claro, pero se puede emerger fortalecido al construir una imagen de uno mismo mucho más digna, resistente, valiosa.

Deja una respuesta